19 de abril de 2015

¿El santo sudario existe?

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En el año 1357, la viuda de un noble francés, Godofredo I de Charny, dona la Iglesia colegial de Lirey, en la diócesis de Troyes, un sudario marcado con la impresión de un cuerpo que se dice es el de Jesucristo.
Las vicisitudes de la guerra y de la política hacen que el sudario deje la región de Champaña en 1418. Se le encuentra después en Lieja, luego en Chambéry (1453), donde es parcialmente destruido a raíz de un incendio en 1532. En 1578 llega a Turín, donde se ha conservado desde entonces y ha sido venerado por millares de fieles. 

De Palestina a Champaña

Hace algunos siglos, el nombre de “Santo Sudario” fue dado a la mortaja en la que José de Arimatea envolvió el cuerpo de Cristo después de la crucifixión. Entre ese instante y la reaparición del sudario en Lirey, cerca de catorce siglos después, se pierde totalmente el rastro. Sin embargo, los partidarios de la autenticidad del sudario han encontrado una pista interesante, aunque ésta surge, al principio, de la leyenda. 

Abgar un rey de Edesa (la ciudad de Urfa en Turquía), convertido al cristianismo a principios del siglo I, habría conservado el sudario después de haber sido curado de la lepra al tocarlo.  

Su sucesor volvió al paganismo y los cristianos de la ciudad habrían escondido la reliquia en un nicho durante cinco siglos.
En 944 los bizantinos, que lo llaman mandylion (palabra griega que designa un vestido eclesiástico), lo habrían recuperado de los musulmanes, en ese entonces señores de Edesa. El sudario habría permanecido en Constantinopla hasta 1204, año del primer saqueo de la ciudad. 

Cristo amortajado, pintura de G. Glovio (Turín, galería Sabaudia)




¿Cómo aparece después en Francia? Quizás, gracias a los templarios, que habrían salvado la reliquia: un gran maestro del Templo de Normandía, que murió en la hoguera junto a Santiago de Molay en 1314, se llamaba Geoffroy de Charney, una variante de Charny.
Podría estar el origen de la reaparición del sudario en Champaña antes de 1356.








¿Una falsificación genial? 

Muerto en 1356 en la batalla de Poitiers, Godofredo I de Charny se lleva consigo el secreto de la adquisición del sudario. Los canónigos de Lirey presentan la reliquia como una figura o representación del sudario de Nuestro Señor Jesucristo’, fórmula que no acaba con el problema de su autenticidad. Intrigado, el obispo de Troyes manda a realizar una investigación de la que no sabemos nada excepto la conclusión: la confesión de un pintor que dice haber realizado la imagen. Desde entonces, la ostensión del sudario queda prohibida.
Sin embargo, en 1389. Geoffroy II de Charny obtiene del legado pontificio del Papa de Aviñón, Clemente VII, la autorización para exponer nuevamente el sudario. Inmediatamente, los peregrinos afluyen para venerar lo que consideran la impresión incontestable del cuerpo de Cristo, y esta credulidad popular preocupa tanto al obispo de Troyes que, al cabo de unos meses, renueva la prohibición de exhibir la polémica imagen, esta vez, bajo pena de excomunión. Su decisión es rota a principios de 1390 por el Papa Clemente VII, que, no obstante, solicita a los canónigos de Lirey advertir explícitamente a los fieles que se trata de una «pintura hecha para representar el Sudario».
El sudario de Turín, cliché positivo del conjunto 
Durante la permanencia de la reliquia en Lieja, el obispo de la ciudad vuelve a condenar a los que quieren exhibirla como auténtica. Sin embargo, desde el siglo XVI, es objeto de una inmensa veneración y nadie piensa más en poner en duda su autenticidad. No obstante, la Iglesia aún se abstiene de confirmarla.

Repercusiones científicas 


En el siglo XX, paradójicamente, en tiempos de los modernos peritajes científicos, el problema del origen y de la fecha del sudario es planteado nuevamente en términos absolutamente insólitos. En 1898, la primera fotografía tomada de la imagen muestra, en el negativo, un lujo de detalles invisibles hasta entonces: efectivamente, en la placa de vidrio no aparece la silueta pálida y vaga que presenta el sudario, sino la imagen nítida de un hombre de una impresionante belleza. Desde entonces, los estudios se suceden, a partir de clichés más y más precisos, luego análisis en la reliquia misma.
Desde 1902, un biólogo y un anatomista, ambos franceses, los profesores Paul Vignon e Yves Delages, destacan la extraordinaria precisión anatómica del dibujo sobre el sudario, precisión inconcebible en las condiciones de la pintura del siglo XIV.
Mucho más tarde, en los años 70, el tejido y el polvo que lo cubren son cuidadosamente estudiados. La tela está hecha de lino mezclado con algodón, según un procedimiento de tejido típico del Medio Oriente, y el polen contenido en el polvo prueba su permanencia en la región del Jordán y en Turquía, lo que es indicio de su autenticidad.
En 1978, un equipo internacional que incluye miembros de la NASA lleva a cabo exámenes más profundos, estos muestran la presencia de sangre en la tela y ponen en evidencia una muy extraña particularidad del dibujo de la mortaja: su reproducción fotográfica, pasada por un simple analizador de imágenes, produce un efecto de relieve que sólo aparatos extremadamente sofisticados restituyen en fotografías de imágenes “normales”.

Finalmente, un análisis al carbono 14 realizado recientemente, la autorización para llevarlo a cabo fue negada por largo tiempo a los científicos por temor que el examen pudiera dañar la reliquia, confina la posible autenticidad de la imagen, indicando que el lino que compone la tela de la mortaja fue cosechado mucho antes de la Edad Media, más precisamente, en los alrededores del principio de la era cristiana, entre 100 antes de Cristo y 200 después de Cristo.

Sin embargo, todas estas conclusiones científicas incontestables son completamente negativas, aunque hacen poco defendible la versión más racional, la de una obra pintada tardíamente por una mano humana, tampoco dicen cómo la huella de un cuerpo puede encontrarse impresa en la tela...
De manera que la reliquia puede, desde ahora y más que nunca, ser entregada a la fe y la veneración de los fieles que vienen en cantidades a honrarla a Turín.


Otras mortajas

Como se podía esperar con una reliquia tan preciosa, la Edad Media no se mostró avara en materia de santos sudarios...
Un cuerpo, varias mortajas... Se encuentran varias «verdaderas mortajas» en Aquisgrán, en Jaén, Andalucía, en Enxobregas, cerca de Lisboa, en Tolosa y Maguncia. Roma se lleva la parte del león, ya que no menos de ocho de sus iglesias, en un momento u otro, aseguraron poseer una, entre ellas la que tiene expuesta en la basílica vaticana en 1350 para las ceremonias del jubileo y que algunos sospechan sirvió de modelo al sudario de Turín.
Víctimas de la Revolución francesa. Llevado, según se dice, desde Aquisgrán por Carlos el Calvo en 877, el sudario de Compiègne se presenta como un rollo de tela guardado en dos envoltorios de seda que nadie se aventura a abrir durante las dos inspecciones del relicario, en 1516 y 1628. Durante la Revolución, el sudario termina como trapo entre manos ignorantes. Una suerte similar corre, según parece, el sudario de Besançon, que habría sido traído en el siglo XIII desde Constantinopla.
El sudario de Cadouin. La tradición de esta localidad de Dordoña, en Francia, quiere que los religiosos de la abadía de Cadouin, fundada en 1115, hayan recuperado la reliquia que venia de Tierra Santa en 1117. Esta conoció un recorrido movido entre varios establecimientos religiosos del sudoeste, luego un periodo de calma entre el siglo XVIII y 1866, fecha en que una comisión de sacerdotes y sabios emiten una opinión de autenticidad favorable, lo que estimula los peregrinajes. Desgraciadamente (o felizmente) para él, el sudario de Cadouin no se ha beneficiado aún del juicio del carbono 14.

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