18 de abril de 2015

7 misterios de la segunda guerra mundial

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La Segunda Guerra Mundial dio lugar al nacimiento de innumerables leyendas y misterios. La Segunda Guerra Mundial trajo consigo muchos cambios alrededor del mundo, ya sean cambios de pensamiento o en la forma en la que la gente se relacionaba con la tecnología. Este despertar de la sociedad también trajo consigo muchas teorías conspirativas en contra de otros países y, por lo tanto, paranoia y miedo entre las personas. El resultado de esto fueron muchos misterios alrededor del planeta que hasta la fecha no tienen explicación.

1. El informe de los muertos

El enigmático caso de tres pilotos de aviones bombarderos Douglas DB-7 Boston, que después de una misión de bombardeo a las defensas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, regresaron a la base con el terror impreso en sus rostros. El mariscal, quien los recibió, los envió inmediatamente a elaborar su informe y luego les otorgo un descanso para que se relajara y tomaran unas cervezas.

Minutos después, el mariscal recibió la noticia de que estos mismos pilotos habían muerto en esta misión. Este caso es muy interesante porque se dejó la evidencia física de la manifestación de estas tres almas en pena, que incluso después de la muerte escribieron el informe que contenía una descripción detallada de como murieron en la misión.

El caso es todavía hoy un misterio, como fue posible que ellos pudieran estar en la base, si habían muerto unas horas antes, durante la batalla, y mucho menos creíble es que pudieran escribir exactamente lo que sucedió en la batalla. La única explicación razonable es que otros tres impostores tomaran el lugar de los pilotos… Sin embargo, en materia de “hipótesis” es mucho más absurdo que estos tres impostores estuvieran en batalla como para saber exactamente lo que sucedió en esa misión.

2. Los soldados del eterno cañón antiaéreo

En la primavera de 1944, el Puerto de Hollandia (hoy Jayapura) fue el escenario de una importante invasión aliada. La isla, ocupada por los japoneses, fue un trampolín a las Filipinas y fue atacada por las fuerzas del general Douglas MacArthur. Tomados por sorpresa y derrotados, los soldados japoneses huyeron hacia el este y los aliados entraron en la isla. Los lugareños dijeron que algunos japoneses se quedaron … al menos en espíritu.

En 1956, Reuters informó que los residentes de Hollandia habían pedido a los miembros de un comité exorcizar una cañón antiaéreo japonés abandonado en la playa. Todos los días, a la medianoche, dijeron, fantasmas de soldados japoneses esqueléticos con cascos parecían manejar el viejo cañón oxidado y velaban la espera de un posible ataque aliado. Y esto se repitió …. todas las noches!

Algunas doctrinas que estudian este tema, de los espíritus, dicen que una persona que muere de forma abrupta o repentina, puede quedar atrapada en este plano porque no saben que murieron. Al igual que en la leyenda anterior, al parecer, tienden a repetir los hechos ocurridos momentos antes de su muerte. Por lo general son víctimas de asesinatos o accidentes, y de acuerdo a algunas religiones, necesitan orientación para conocer sus condiciones. Por lo tanto, en algunos casos se vuelven agresivos al no ser conscientes del hecho de que están confinados a los momentos de su muerte.

3. ¿Hitler uso la famosa "Lanza del Destino"?

Cuenta el evangelio de Juan que para comprobar la muerte de Cristo, un soldado romano, Longinus, clavó una lanza en su cuerpo. Inmediatamente comenzó a brotar agua y sangre, lo que fue considerado un milagro.

Se dice que esta lanza cayó posteriormente en manos de Constantino el grande, quien usando su poder expandió el Imperio Romano, sin conocer jamás la derrota. En los siguientes mil años 45 emperadores utilizaron la lanza, entre ellos Carlomagno y Federico el grande. Ninguno de los 3 mencionados perdió una batalla mientras mantuvo posesión de la lanza. Se decía que Carlomagno nunca dejaba la lanza a mas de 2 metros de su alcance, incluso cuando dormía. Dice la leyenda “quien posea la lanza gobernará el mundo”.

Richard Wagner el compositor de operas favorito de Hitler también se hace eco del poder de la lanza en la opera “Parsifal". La lanza es robada por fuerzas del mal y Parsifal debe recuperarla para proteger el futuro del pueblo germánico.

A comienzos del siglo XX la lanza se hallaba en el Hofburg de Viena, y un joven Adolf Hitler se encontró frente a ella durante una visita guiada. Al recordar el momento decía Hitler que al situarse frente al aparador, entró en una especie de trance. “Gradualmente me di cuenta de una poderosa presencia alrededor de ella, la misma particular y magnífica presencia que había experimentado internamente en esas rararas ocasiones de mi vida en que sentía que un gran destino me aguardaba. Inmediatamente me di cuenta que ese era un momento importante en mi vida, y de todos modos no podía entender como un símbolo cristiano podía haberme causado semejante impacto”.

En los siguientes años Hitler retornaría frecuentemente al Hofburg a contemplar la lanza, obsesionado por la misma. Cuando Alemania se anexó Austria en 1938, una de las primeras ordenes de Hitler fue pedir que le trajeran la lanza y lo dejaran solo con ella. Su obsesión de reunirse con la lanza del destino se cumplía tras 25 años de espera.

Nadie puede afirmar a ciencia cierta cierta si la lanza tenía o no poderes, pero lo que sí es un hecho histórico, es que Hitler se suicidó en Berlin un 30 de abril de 1945. El 30 de abril asimismo, en la ciudad de Nuremberg, los Aliados descubrían un bunker secreto donde estaba escondida la lanza y tomaban posesión de la misma.

El general Patton también se sintió fascinado por la misma e intentó infructuosamente apropiarse de ella, pero tuvo que entregarla a su gobierno Ya con la posesión de la lanza los americanos lanzan la mayor arma jamás conocida: la bomba atómica. Tras la guerra la lanza fue devuelta a su lugar en el Hofburg, en Viena, y curiosamente Austria fue la única nación de Europa Central que no fue invadida por el comunismo. Hoy en día aun se encuentra en el Hofburg, donde podemos visitarla junto a otras maravillosas joyas y reliquias.

4. Los aviones fantasma de la Segunda Guerra Mundial

Durante tiempos de guerra, varios aviones salían en una misión peligrosa, regresando todos los aviones excepto por uno. Todos esperan a que regrese, pero no hay nada en el horizonte. Horas después se escucha un avión acercándose, todos esperando que sea aquel avión perdido. Pero ¿cómo puede ser si su dotación de gasolina debió haberse acabado? El avión aterriza y se encuentran con un fuselaje dañado, el avión sin un sólo soldado a bordo y el tanque de gasolina completamente vacío.
Algunos cuentan que la tripulación está a bordo, pero muerta. Algunos dicen que el avión está tan dañado que es imposible que hubiera podido volar, pero poco se sabe de los misteriosos aviones fantasma.

5. La desaparición del vuelo 19

El origen de las teorías que circulan al Triángulo de las Bérmudas se remonta a este misterioso caso. De forma básica, la historia cuenta que 5 aviones en entrenamiento salieron de la estación naval en Fort Lauderdale, Florida. El piloto del avión que los dirigía se quejó de que sus brújulas y aparatos no estaban funcionando bien y que no sabía dónde estaba.
Después de varias horas de vuelo, los aviones se quedaron sin gasolina y, hasta la fecha, los aviones no se volvieron a ver, con los 14 hombres del entrenamiento también desaparecidos.

6. La misteriosa muerte de Hitler

La versión oficial de los aliados —que concuerda con la versión dada por su secretaria personal, Traudl Junge, en el libro Hasta la última hora: la secretaria de Hitler cuenta su vida (Bis zur letzten Stunde: Hitlers Sekretärin erzählt ihr Leben), con la versión de Joachim C. Fest, historiador y biógrafo, en El hundimiento (Der Untergang) así como la biografía del General Freytag von Loringhoven— indica que Hitler renunció a intentar huir de Berlín y se suicidó con un tiro de pistola y, al mismo tiempo, ingiriendo una cápsula de cianuro en su Führerbunker, a 15 m de profundidad en el subsuelo del edificio de la Cancillería en Berlín, junto a su nueva esposa Eva Braun y rodeado de unos pocos incondicionales, el 30 de abril de 1945, cuando el Ejército Rojo, dirigido por el mariscal Georgi Zhúkov, tomaba Berlín y se encontraba a menos de 300 m del búnker.
Aquel día, Hitler almorzó en compañía de sus secretarias en un silencioso ambiente y después del almuerzo, el cual fue servido por Constanze Manziarly, hizo matar a su perra Blondie. Luego dio a su ayudante Otto Günsche instrucciones estrictas sobre la cremación de su cuerpo y el de su esposa, probablemente para evitar que fueran exhibidos como «trofeos de guerra», recordando el ultraje del cadáver de su amigo Benito Mussolini, que fue colgado desnudo boca abajo junto con el de su amante en una gasolinera de Milán, donde fue golpeado, escupido y despreciado durante días. El siguiente relato procede del testimonio de Günsche: Hitler se retiró a eso de las 16 horas junto con Eva Braun a su despacho privado contiguo a la sala de mapas y Otto Günsche se paró frente al despacho esperando el momento de entrar; le acompañaba Linge. Se sintió un disparo ahogado y Günsche esperó unos 15 minutos de acuerdo a instrucciones; posteriormente Linge ingresó a la habitación de dos ambientes. Hitler estaba recostado a un extremo del sofá con un tiro en la sien, con salida de proyectil, de la cual aún manaba sangre, su boca tenía una grotesca mueca.
Según Günsche y Linge, Eva Braun estaba recostada al otro extremo con los ojos abiertos y una mueca de dolor en su rostro, una pistola estaba en la mesa a su disposición, pero no alcanzó a usarla, pues el cianuro suministrado por el médico personal de Hitler, Ludwig Stumpfegger, había sido rápido.
En efecto, Linge siguió a Günsche al entrar al compartimiento de Hitler, y una vez confirmada su muerte, levantó los cuerpos envueltos en una alfombra y los sacó al patio trasero de la Cancillería, en unos momentos en que llovían obuses rusos por doquier.
Günsche depositó ambos cuerpos en un orificio de obús, los roció con unos 200 l de gasolina y les prendió fuego. Mientras se consumían, unos cuantos testigos, entre ellos Martin Bormann, Goebbels, realizaron un nervioso y acongojado saludo militar, mas un obús que estalló cerca les obligó a volver al búnker sin verificar la total consumación de la incineración.
Su muerte se puso en duda durante mucho tiempo, creándose toda suerte de mitos.
Recientes versiones surgidas en los años 1990 del lado ruso, confirman que los soviéticos (NKVD), después de una infructuosa búsqueda en la que incluso hallaron a un doble de Hitler suicidado en una habitación de la Cancillería como una forma de despistar, por fin dieron con los restos irreconocibles en parte de Hitler, Braun y la familia Goebbels y que estos, secretamente aún para el mismo general Zhúkov, fueron transportados en cajas especiales a la frontera, a un cuartel militar que luego pasaría a ser territorio de la República Democrática Alemana.
Los rusos confirmaron inicialmente en 1955 la muerte de Hitler, pero no se mostraron evidencias muy sustanciales, salvo algunos detalles odontológicos, lo que confirmaba a pesar de todo que los rusos tenían los cuerpos.
Estos restos permanecieron secretamente enterrados bajo un jardín de dicho cuartel en la ciudad de Magdeburgo y sólo algunas autoridades de la NKVD sabían dónde estaban, hasta que en 1970 fueron exhumados, se extrajo el cráneo a Hitler y el resto de los cadáveres fue incinerado para evitar que su tumba fuera objeto de veneración, y las cenizas fueron lanzadas al río.
No se ha podido dar con el cráneo de Hitler, pero una parte signada como de Hitler, el hueso parietal de su caja craneana, está en un Museo soviético. Sin embargo, en septiembre del 2009, el arqueólogo Nick Bellantoni anunció que, luego de un análisis de ADN practicado a los restos, se determinó que el fragmento del cráneo correspondería a una mujer de entre 20 y 40 años de edad.

7. Normandía Negra

Según cuenta un oficial de Marina Ingles, no identificado, en el año 2000, se relató en documentos oficiales, que el barco en el que trabajaba un marino estaba en Le Havre, Francia, cuando, entonces, alrededor de las 23:45 de la noche, se dirigió al puente para reemplazar el turno con un compañero. Este intercambio de turnos se conoce como la tumba (graveyard shift) en la Marina.

Al llegar al puente, vio al compañero y al capitán analizando informes meteorológicos, el capitán dijo que no había echado el ancla y que se esperaban fuertes vientos durante la noche. Se debía evitar a toda costa que el barco golpera con los restos de algún otro navío de la segunda guerra mundial, o de cualquier otra reliquia de la guerra, ya que había muchos restos dispersos en ese momento.

El capitán también le dijo que tendría que permanecer en vigilia, porque hablaba con fluidez inglés y sería la mejor persona, en todo caso, para comunicarse con el puerto y escuchar los informes y las instrucciones.

Luego empezó su turno y pasó el tiempo. Unas pocas horas después, recibió una llamada desde el puerto de control. Es curioso que el operador portuario hablara en inglés, el no se lo esperaba. Tal vez él (el operador) pensaba que era un americano… Después de la comunicación por radio, y de haber recibido los informes, decidió descansar.

Relató que había tenido un sueño vívido, algo que dijo, era muy extraño, por que su memoria era inusualmente clara después de despertar. En su sueño vio a un pelotón de cinco o seis hombres vestidos con uniformes de Guerra, con patrón de las chaquetas de invierno. Era una tarde un poco nebulosa, y muy tranquila. No había señales de conflicto armado en ningún lugar, cuerpos, casas quemadas, tanques destruidos, cualquier cosa. Era sólo un camino fangoso, con árboles altos en una zona rural tranquila y este pequeño grupo de soldados en marcha.

Marchaban también de forma relajada. Uno de ellos era un oficial, esta descripción es evidente por la banda blanca en la parte frontal del casco. Todos eran jóvenes, ninguno de más de 25 años. Todos estaban armados, a excepción del oficial.

Los soldados tenían expresiones serias y sombrías. Parecía que tenían sus ojos fijos en algo adelante, más allá del camino. Ellos no parecían notarlo, ya que estaban marchando lentamente hacia el. El pelotón se acercó y se detuvo. El oficial miró a cada uno y dijo de forma clara, tranquila y baja: “Normandía Negra“.

Según la versión del marino que relató esto, dijo que nunca había estado en Francia antes, pero juraría que la vegetación de la zona era de Francia, y que los soldados eran infantes de marina. En el mismo escenario vio algo que parecía ser una base estadounidense, pero él sabía que estaba en algún lugar de Francia. Vio a unos 150 soldados, divididos en tres columnas, totalmente alerta. En el sueño, estaban a unos 50 metros a la izquierda. Miré, y clamaron en voz alta, “¡Gloria! ¡Gloria! Gloria. ”

Después de este extraño sueño, pensó que nada encaja. En primer lugar, que no era un nativo del Inglés, que no era americano, ni británico. Pero el sueño era en Inglés y nunca había soñado en Inglés. Según él, ni siquiera recordaba los sueños.

La teoría es que los fantasmas de los soldados estadounidenses de alguna forma escucharon el Inglés para el operador de radio del puerto y decidieron acercarse y decir “Hola”. ¿Tal vez estaban nostálgicos o ansiosos por enviar un mensaje de “todavía estamos aquí”?

Tal vez aún no sabían que la guerra había terminado. Sin embargo, una cosa es cierta: algunos de ellos por lo menos todavía están allí. De todos modos, al contar esta experiencia, él marinero se sintió mejor, pero para él es incomprensible porqué los soldados muertos hace más de 60 años, gritaba: “¡Gloria, gloria, gloria” o decían “Normandía Negra.”

Él dice que nunca más soñó en Inglés. O con Francia y Le Havre, o soldados de la Segunda Guerra Mundial.

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