1 de diciembre de 2014

La verdadera intención del club Bilderberg

Algunas ves se preguntaron de todos los grupos u organizaciones "que nos controlan" ¿cuál sería la más poderosa? ¿quién sería la más influyente?, bueno compañeros el club Bilderberg destaca encima por todos ellos y solo tenemos dos opciones, la primera es abrir nuestros ojos y darnos cuentas de una posible manipulación y ponerle un alto de una vez por todas, y la segunda ser sus marionetas y seguir dejándonos pisotear por los más poderosos y creer que solamente quieren nuestro bienestar.


El nombre de este grupo nació porque se dice que el origen o mejor dicho la primera reunión de este grupo se dio en el hotel Bilderberg (Holanda- Países bajos) [29-30 de mayo de 1954], se reúnen personas muy importantes [cada año], poderosos y muy influyentes, por ejemplo: senadores, secretarios de estado, presidentes, príncipes, ex presidentes, secretarios de defensa, ministros, banqueros, los dueños de los principales medio de comunicación, entre otros.
La cantidad de personas que se reúnen varía, el aproximado es de 130.
Se trata de una lista exclusiva de figuras de influencia global que ha captado el interés de una red internacional de conspiracionistas, quienes durante décadas han visto al grupo Bilderberg como un esquema globalista-corporativo y están convencidos de que una élite poderosa está moviendo al planeta hacia un nuevo orden mundial oligárquico. Kenneth P. Vogel (periodista)
 A estas respuestas los miembros del club Bilderberg responden
"La reunión pionera surgió de la preocupación expresada por los principales ciudadanos de ambos lados del Atlántico que Europa Occidental y América del Norte no estaban trabajando juntos tan estrechamente como deberían en cuestiones de interés común" 
Es inevitable y no importa. Siempre habrá personas que crean en conspiraciones, pero las cosas suceden de una manera mucho más incoherente. Cuando la gente dice que este grupo es un gobierno secreto mundial, yo digo que si lo fuéramos, deberíamos estar avergonzados de nosotros mismos. Etiénne Davignon (presidente del Club Bilderberg) 

El objetivo era: "hacer un nudo alrededor de una línea política común entre EE.UU. y Europa en oposición a Rusia y al comunismo"

Los opositores de este grupo manifiestan que deberían dejar entrar a sus reuniones a periodistas, a investigadores... pero lamentablemente sus reuniones son a puertas cerradas
Planean abordar algunos de los problemas que ellos mismos han causado. Uno de los temas principales que se trata es la crisis ucraniana, "en la que el Club Bilderberg ha ejercido su fuerza", subrayó la investigadora.  "También se habla de la próxima expansión del Club Bilderberg hacia China", Agregó Cristina Martín Jiménez (escritora y periodista).
Testimonio de Daniel Estulin

-Me gustaría hablar con usted -dijo alguien. Me giré instintivamente hacia la derecha, aunque no vi a nadie. El caballero que requería mi compañía estaba detrás de mí, dirías e que usando mi hombro derecho como refugio. -Quédese sentado, por favor -me susurró su sombra. -Perdóneme, pero no estoy acostumbrado a que me den órdenes, especialmente alguien a quien no conozco -respondí con resolución. -Señor Estulin, sentimos invadir su espacio, es que nos gustaría mucho hablar con usted -dijo el primer caballero, extendiendo una flacida mano con la esperanza de que decidiese estrechada-o Huelga decir que le pedimos la máxima discreción. Por sus piruetas lingüísticas deduje que ese inglés había sido aprendido en uno de esos colegios elitistas británicos o quizá con un tutor privado. -¿Cómo sabe mi nombre? No recuerdo habérselo dicho. -Sabemos bastante de usted, señor Estulin. Podía percibir que el misterioso caballero empezaba a sentirse más relajado en mi compañía. -Por favor, siéntese -dije en un tono más cálido, aceptando también la distensión del momento. El hombre bajó la mirada, sacó una pitillera de uno de los bolsillos de su elegante americana y empezó a examinada. Yo me arrellané en mi taburete esperando que uno de los dos rompiese el silencio. -Por ejemplo, sabemos que está aquí para cubrir la conferencia Bilderberg. Que ha estado siguiéndonos durante muchos años. Que de alguna manera, parece conocer con mucha antelación la localización exacta de cada encuentro, cuando la mayoría de los participantes no lo saben hasta una semana antes. Que, con toda la confidencialidad con la que nos movemos, usted parece saber de qué hablamos y cuáles son nuestros planes futuros. Usted, señor Estulin, ha llegado a condicionar la elección de algunos de nuestros participantes. En un momento dado, pensamos que ya lo teníamos; presumimos que habíamos detectado a su contacto en el interior. Si usted hubiese fallado en sus predicciones sobre nosotros, ese participante hubiese tenido graves problemas personales. Afortunadamente para él, usted acertó. «Acento de Kent»,pensé. -¿Cómo se entera de todo eso? -preguntó el acompañante de mi interlocutor. -Eso es un secreto profesional-repliqué lacónicamente. En ese momento, aproveché para fijarme en los dos tipos. El segundo tenía los hombros anchos, el cabello rubio, grueso bigote, enormes cejas arqueadas, una diminuta boca que se doblaba geométricamente para formar una sonrisa aceptable y un temperamento nervioso. Su grueso bigote y su gorda nariz se tensaban cada vez que hablaba. Detrás de nosotros, formando parte de una incomprensible horda de turistas galeses, se sentaba un hombre barbudo y jorobado que llevaba guantes de piel y un sombrero de viaje. Parecía ser todo un amante de la música o al menos eso decía a todo el mundo una gruesa mujer con un enorme lunar en la barbilla. -Es usted todo un enigma. Mi misterioso interlocutor cambió la posición de sus larguiruchas piernas, introdujo su mano derecha en el bolsillo del pantalón dejando entrever una cadena de reloj que recorría parte de su chaleco y dijo en un tono profesional: -Entonces, dígame, ¿por qué nos sigue a todas partes? Usted no trabaja para ningún periódico conocido. Sus artículos incomodan a nuestros miembros. Varios congresistas estadounidenses y algunos miembros del Parlamento de Canadá han tenido que cancelar su asistencia a nuestro encuentro anual porque usted ha sacado a la luz su participación Usted no va a vencemos. No es capaz de hacerla -siseó el segundo tipo-. El Club Bilderberg, señor Estulin, es un foro privado en el que participan algunos miembros influyentes de nuestra comunidad empresarial. También invitamos a algunos políticos a que compartan con nosotros sus experiencias personales y profesionales. Todo ello lo hacemos con la esperanza de conjuntar las necesidades de los pueblos del mundo y la política de altos vuelos. De ninguna manera intentamos influir en los gobiernos, en su política o en su toma de decisiones. -¡No me jodas! -respondí bruscamente. Podía sentir cómo se me tensaban los músculos del cuello y de la mano- ¡Y yo me creo que Kennedy fue asesinado por extraterrestres, que Nixon fue defenestrado por su abuela y que la crisis del petróleo de 1973 fue provocada por la Cenicienta! Si no hubiera sido por nosotros, Canadá formaría ahora parte del Gran País de los Estados Unidos. Dígame, ¿por qué asesinaron a Aldo Moro? -Sabe que no le podemos decir nada, señor Estulin. No he venido aquí para discutir con usted. En una mesa redonda cerca de la ventana, dos turistas alemanes, un desempleado con los ojos llorosos y el primo del barman jugaban a las cartas muy entretenidos. En una mesa adyacente, se sentaba un hombre mayor miope, calvo y gordo que gastaba un traje gris demasiado grande para su envergadura. Llevaba unas enormes gafas de concha y su cara rubicunda se hallaba escondida detrás de la sombra de la que fue en otro tiempo una larga barba negra. Un bigote grisáceo, un tanto descuidado, remataba su faz. Pidió ron, rellenó su pipa y se puso a observar distraído el juego. Puntualmente, a las once y cuarenta y cinco, vació la pipa, la metió en el bolsillo del pantalón, pagó el ron y se marchó en silencio. -¿Seria mucho pedirle que mantuviese esta conversación en la más estricta confidencialidad? -No suelo hacer ese tipo de promesas, especialmente en lo referente al Club Bilderberg. Me sorprendí a mí mismo disfrutando del enfrentamiento con la esperanza de que el primer tipo perdiese los nervios. El primer tipo soltó una parrafada de varios minutos sobre la virtudes de la colaboración entre las naciones, los niños hambrientos de África y otras comeduras de coco por el estilo. Intenté concentrarme en lo que decía, pero pronto me vi observando la cara del segundo tipo. Sonreía con expresión ausente o se lamía el bigote. Cuando la voz del primer tipo creció hasta alcanzar la resonancia de un trueno, volví a la realidad. - ... y podemos compensarle por su tiempo perdido, señor Estulin. ¿Qué condiciones pone? Una enorme luna iluminó los árboles de la calle. Los semáforos se le unieron con su destello. Se podía oír el apagado rumor de los restaurantes de las cercanías y los ladridos de algunos perros. Permanecimos, los tres en silencio durante algunos minutos. Noté que al segundo tipo, apoyado en el borde de su taburete, le costaba mantenerse en silencio. Sin duda estaba intentando componer una pregunta o comentario inteligente. El primer hombre jugueteaba con su cigarrillo, en actitud reflexiva. Sus ojos parecían mirar el cigarrillo, pero estaban absortos en el vacío. -Mi silencio tiene las siguientes condiciones: querría que los futuros encuentros Bilderberg se anunciaran públicamente con libre acceso a cualquier periodista que quisiera asistir. El contenido de todas las conferencias debería ser público, así como la lista de participantes. Y, por último, prescindan de la CÍA, las armas, los perros, la seguridad privada y, lo más importante, de su secretismo! -Sabe perfectamente, señor Estulin, que no podemos hacer eso. Hay mucho en juego y ya es muy tarde para ese tipo de cambios. - Entonces, señor mío -repliqué-, tendrán que aguantarme hasta el final. En el salón vecino un piano emitió una rápida sucesión de notas entremezcladas con el sordo sonido de voces y risas de unos niños. Un gran espejo reflejó por un momento los brillantes botones del chaleco del primer hombre. -Entonces, buenas noches, señor Estulin. El primer tipo no perdió, ni por un instante, sus buenas maneras. En realidad, era exquisito en el trato. «Por eso lo habrán enviado a él», supuse. Quizá, en otras circunstancias, hubiésemos podido llegar a ser buenos amigos. El segundo tipo respiró profundamente y, con su sombrero entre las manos, siguió los pasos de su jefe. Sólo quedaban en el vestíbulo del hotel dos mujeres con cara soñolienta y un viajante con la barba teñida y un chaleco de terciopelo negro sobre una camisa blanca estampada. «Es extraño que se preocupen de mí», pensé. Había sido una experiencia tremenda. Sólo entonces me di cuenta de cuánto se hallaba en juego. No había sido una mera conversación entre su emisario y yo. Los dos hombres cruzaron la plaza y desaparecieron en la noche. Me había quedado mal cuerpo, aunque mi determinación era la de siempre. Ahora sabía que, desde aquel momento, mi vida iba a estar permanentemente en peligro. En conclusión, los investigadores que creen en la teoría conspirativa manifiestan: El club Bilderberg anda en busca de una era del posnacionalismo: ese momento en que ya no haya países, solo regiones y valores universales, es decir, solo una economía universal, un Gobierno Universal (designado, no elegido) y una religión universal. Para asegurarse esos objetivos, los miembros del Club Bilderberg abogan por un enfoque más técnico y menos conocimiento por parte del público. Esto reduce las probabilidades de que la población se entere del plan global de los amos mundiales y organice una resistencia organizada. Su objetivo final es el control de absolutamente todo el mundo, en todos los sentidos de la palabra. Actúan como si fueran Dios en la tierra.

En conclusión:

El club Bilderberg anda en busca de una era del posnacionalismo: ese momento en que ya no haya países, solo regiones y valores universales, es decir, solo una economía universal, un Gobierno Universal (designado, no elegido) y una religión universal. Para asegurarse esos objetivos, los miembros del Club Bilderberg abogan por un enfoque más técnico y menos conocimiento por parte del público. Esto reduce las probabilidades de que la población se entere del plan global de los amos mundiales y organice una resistencia organizada. Su objetivo final es el control de absolutamente todo el mundo, en todos los sentidos de la palabra. Actúan como si fueran Dios en la tierra.

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