21 de octubre de 2014

La Papisa Juana: La única mujer que llegó a ser papa

La iglesia católica nos a ocultado muchas cosas durante siglos, y han sido responsables de grandes desgracias, tragedias y horrores de la humanidad. Suelen imponer, negar, manipular y tergiversar intencionadamente la información, siendo muchas veces más que evidente.

Esta vez hablaremos sobre una de las leyendas más dramáticas y escandalizantes de la iglesia católica, la existencia de la papisa Juana, la única mujer que llegó a ser papa y liderar la iglesia católica.

A pesar de los grandes esfuerzos de la iglesia católica por ocultar esta historia y haber intentado por todos los medios al menos ponerla en duda y que quede solo como una leyenda contra la iglesia, continúa siendo una de sus más grandes pesadillas, gracias a los numerosos indicios y textos antiguos al respecto que pesan más y están totalmente fundados.

Lo cierto es que inicialmente, hasta el siglo XVI, la iglesia aceptaba la existencia de esta papisa como un hecho verídico y establecido, sin embargo, luego cambia de opinión y niega rotundamente a este personaje hasta la actualidad.

Hija de un monje inglés, Juana nace en el 822 en Inglaterra y es criada en un ambiente bastante religioso y de erudición. Desde muy joven mostró gran interés por las ciencias y los temas eclesiásticos, lamentablemente para la época estaba totalmente prohibido que alguna mujer pudiera estudiar, por tal motivo optó por disfrazarse de varón y seguir una carrera eclesiástica, para así poder continuar unos estudios sólidos.


Existen otras versiones del motivo por el que ocultó su sexo. Algunos dicen que temía ser víctima de una violación sexual, otros dicen que debido al amor por un joven estudiante se ve obligada a vestir de hombre para estar cerca de él.

Prontamente, gracias a su gran talento, conocimientos y el poder de liderazgo y oratoria que poseía, se abre paso dentro de la iglesia católica, llevando el nombre masculino de Johannes Anglicus 'Juan el inglés'.

Con esta nueva identidad, Juana logró viajar frecuentemente a monasterios y relacionarse con importantes personajes de la época. Haciéndose así más reconocida y escalando dentro de la iglesia, desde sus inicios como copista, pasando a ser obispo, cardenal, y finalmente papa.

En julio del 855, tras el fallecimiento del papa León IV, se convoca la elección papal, donde Juana es elegida como su sucesora con el nombre de Benedicto III o Juan VIII. Durante su papado tuvo un romance secreto con el embajador Lamberto de Sajonia, y fruto de ese amorío quedó embarazada. La papisa siempre lograba disimular con gran habilidad su verdadera identidad. Pero con el embarazo la situación se complicó, y solo pudo recurrir a las enormes y bultosas túnicas para vestir.

Gracias a sus profundos conocimientos en medicina, estimó la fecha de su parto y planeó dar a luz a escondidas. Sin embargo dicho calculo se adelantó dos meses, producto del ajetreo de una procesión que estaba obligada a asistir, por lo que terminó dando a luz públicamente.

Se dice que después de la gran sorpresa los fieles católicos se indignaron y totalmente enfurecidos y airados lapidaron a la reciente madre. Otros aseguran murió atada a los pies de un caballo que la arrastró por toda la ciudad hasta extramuros, mientras hay algunos que sostienen que falleció a consecuencia del parto.

Fue enterrada en ese mismo lugar, cerca a la iglesia San Clemente, la cual siempre es evitada durante las siguientes procesiones. También se estableció un ayuno de cuatro días llamado 'ayuno de la papisa' y en su lápida escribieron 'Pedro, padre de padres, propició el parto de la papisa'.

Desde entonces, para evitar que se repita una historia de suplantación como la de la papisa Juana, la iglesia católica diseña un procedimiento para la verificación de la virilidad de los papas electos, mediante una silla perforada en el centro. Esta ceremonia se llevaba acabo en el palacio de Letrán. Un eclesiástico estaba encargado de examinar manualmente el miembro viril del nuevo pontífice electo. Acabada la inspección, si todo era correcto, debía exclamar 'Duos habet et bene pendentes' (tiene dos y cuelgan bien).

Considerada por la mayoría de los historiadores una leyenda no desprovista de segundas intenciones anticlericales, la historia de la papisa Juana está aún lejos de haber sido aclarada.

Por otro lado, esta historia dispone de pocos datos y algunos están manipulados convenientemente por la iglesia, para que esta no fuera una realidad histórica. Ya que la ortodoxia católica, no puede permitir que una institución como el Papado fuera encabezado y dirigido por una mujer, debido a su enfermiza misoginia, lo cual le hace imposible de asimilar. Lo cual no sorprende, por los casos donde incluso se ve actualmente que buscan silenciar a aquellas mujeres que han jugado un papel importante en algunos Papados y la historia, tales como Marozia de Spoleto o de Olimpia Maidalchini.